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miércoles, 18 de noviembre de 2009

En qué estaban pensando? Los italianos y la batalla de Caporetto



Ay, los italianos. Incluso hoy en día habría que preguntarse si le suman o restan a la OTAN. En esta ocasión, la Benemérita, Real y Pontificia Asociación Mayor de Historiadores de la Región Lima Metropolitana hace escarnio de la performance italiana en la batalla de Caporetto, en la primera guerra mundial.

Ya hemos analizado las batallas del Isonzo, y esta es la última de ellas. Los italianos se encontraban a la defensiva cuando se vieron súbitamente atacados por las fuerzas de Alemania y Austria-Hungría. Ahora, siendo esta la primera guerra mundial, que en buena medida está caracterizada por la superioridad de la defensa sobre el ataque, cabría esperar que para que un ofensiva resulte amenazadora el bando atacante habría de tener una superioridad numérica importante. Qué pasó en Caporetto? Pues una fuerza de 41 divisiones italianas se vio atacada por una abrumadora fuerza de... 35 divisiones alemanas y austro-húngaras. Y los italianos fueron barridos por completo, y la razón básica por la que las potencias centrales no pudieran seguir avanzando fue que se quedaron sin suministros. Incluso 265,000 soldados italianos cayeron prisioneros (el equivalente de unas 26 divisiones) a costa de 10,000 bajas de las potencias centrales.

Otra derrota italiana para la historia. Tan poco efectiva era la participación italiana en el esfuerzo de guerra aliado, que estos tuvieron que enviar seis divisiones francesas y cinco británicas para reforzarlos. Qué decadencia.

jueves, 25 de junio de 2009

¿En qué estaban pensando? Los italianos y las doce batallas del Isonzo


Ah, los italianos. Ya hemos explorados sus espectaculares fracasos decimonónicos en Lissa y Adowa. Ahora, la Benemérita, Real y Pontificia Asociación Mayor de Historiadores de la Región Lima Metropolitana empieza a entrar a un nuevo capítulo: ¡sus fracasos en el siglo XX!

En 1915, Italia entró a la primera guerra mundial, en el bando de los aliados. Un momento, dirán algunos, ¿no que Italia era miembro de la Triple Alianza, junto con Alemania y Austria-Hungría? Bueno, sí. Pero las ambiciones territoriales italianas se orientaban hacia el norte, y una vez empezada la guerra consideraron que la derrota de Austria-Hungría era inminente. Después de todo, tremendo imperio no había podido derrotar ni a la minúscula Serbia, y era el único estado contra el cual los tristemente inefectivos ejércitos del Imperio Ruso sí podía luchar con éxito. La cosa estaba prácticamente en bandeja para los italianos. No podían fallar, ¿no? Pues obviamente, fallaron.

Los italianos lanzaron once o doce ofensivas sobre el río Isonzo a lo largo de más de dos años, y prácticamente todas fracasaron. Estos verdaderos sonzonazos tenían una ventaja de 2 a 1, y aun así los ejércitos austro-húngaros (que perdían en todas partes) los terminaron repeliendo e incluso se dieron el lujo de invadir Italia. Era como perder contra los suplentes de la selección de fútbol del Perú. Murieron unos 300,000 italianos prácticamente sin ganar nada. Realmente asombroso. Es como si se esforzaran por ser inútiles.


miércoles, 13 de mayo de 2009

No eran tan malos. Los italianos y el raid en Alejandría

En el espíritu de tolerancia y amplitud de miras que caracteriza a la Benemérita, Real y Pontificia Asociación Mayor de Historiadores de la Región Lima Metropolitana esta vez se publica en su blog una pequeña reseña sobre un acción bélica en la que queda en evidencia el valor y nobleza de los combatientes italianos, valores que han sido puestos en duda más de una vez en entradas anteriores. El acontecimiento en cuestión tuvo lugar durante la Segunda Guerra Mundial durante la cual, como los bien cultivados lectores no ignoran, a Regia Marina italiana se vio en problemas para contrarrestar el accionar de la Royal Navy británica en el Mediterráneo. Desde sus bases en Alejandría y Gibraltar, las naves inglesas lograron mantener abiertas las líneas de navegación entre un extremo y otro de este mar interior, así como socorrer a la sitiada isla de Malta y causar graves problemas a los convoyes de abastecimiento enviados por el Eje para aprovisionar sus fuerzas en el norte de África.

Incapaces de superar a los ingleses en un enfrentamiento abierto, los italianos recurrieron a tácticas digamos guerrillescas, con el fin de debilitar el poderío de la Royal Navy. Así, emplearon profusamente torpedos humanos, basicamente cargas explosivas sumergibles y motorizadas, en sucesivos ataques contra las bases británicas. Estos artilugios son conducidos por hombres rana quienes literalmente montan los torpedos para enrumbarlos y colocarlos junto a sus objetivos. Una vez ahi, los operarios abandonaban el vehículo para luego hacerlo detonar. Dilecto lector, no debe usted subestimar la temeridad y dificultad de llevar a cabo tal misión si tiene en cuenta lo frágil de la cabalgadura, la peligrosidad de operar al interior de una base naval enemiga y las evidentes dificultades para retornar sano y salvo de tal aventura.

Torpedo humano italiano de la Segunda Guerra Mundial.
¿Conduciría usted, avezado lector, uno de estos armatostes?

En diciembre de 1941 tuvo lugar una de las más famosas incursiones de los torpedos humanos italianos, un ataque sobre la base naval de Alejandría, en la costa egipicia. El submarino italiano Scirè equipado con tres torpedos humanos, cada uno con una triupulación de dos buzos, se acercó a unos dos kilómetros del objetivo antes de soltar su carga. Las tres máquinas lograron penetrar las defensas del puerto donde enfrentando dificultades considerables lograron implantar minas en los cascos de los acorazados británicos Queen Elizabeth, Valiant, un buque tanque y un destrictor. Dos de los buzos, Luigi Durand de la Penne y Emilio Bianchi, fueron capturados al emerger y subidos a bordo del Valiant antes de que las minas hubiesen hecho explosión. Ambos se mantuvieron en silencio frente al interrogatorio, pero en una prueba de que hasta los más valientes pueden flaquear, quince minutos antes de la Penne confesó al capitán del Valiant la existencia de las minas y su inminente estallido. Su declaración fue ignorada pero aún así ambos italianos escaparon ilesos.

Acorazado Queen Elizabeth fondeado en el puerto de Alejandría
¿Parece acaso un objetivo sencillo de atacar?

El resultado de tan osada acción, los cuatro buques atacados se hundieron en el fondo del puerto y, aunque los ingleses pudieron reflotar ambos acorazados, estos estuvieron fuera de acción por más de un año. De esta manera, la marina italiana, la Regia Marina, pasó de estas en inferioridad de condiciones a una superioridad numérica en medios navales durante un periodo de tiempo nada desdeñable. Diga usted, esforzado lector, si tan galante accionar no es prueba de que incluso en Italia no es inhallable el coraje y el arrojo que reluce en tiempos de guerra.

¿En qué estaban pensando? Los italianos y la batalla naval de Lissa


Es increíble, pero aun proviniendo de una península y una serie de islas en el mediterráneo, los italianos no sirven ni para marineros. Esa es la conclusión a la que se llega después de revisar la Batalla de Lissa, que es el encuentro analizado en esta ocasión por la Benemérita, Real y Pontificia Asociación Mayor de Historiadores de la Región Lima Metropolitana.

Esta batalla naval tuvo lugar en 1866, el mismo año en que la flota peruano-chilena luchaba con la española en el Pacífico. Sin embargo, a comparación con la relativamente debilucha expedición española, la flota italiana en Lissa era considerablemente más poderosa. A la realidad geopolítica eminentemente naval de Italia habría que agregarle la de su adversario, el Imperio de Austria. Este imperio era eminentemente continental, y controlaba buena parte de Europa central y suroriental. Su salida al mar era relativamente angosta y difícil. En este sentido, Italia sería como Chile: orientado al mar y con considerable litoral; mientras que Austria era como Bolivia: poco litoral y orientado más hacia la política del interior. Y si a ello añadimos que tanto Austria como Bolivia eventualmente terminarían perdiendo sus respectivas salidas al mar el paralelo se hace mayor. Imagínense el papelón que habría hecho Chile si hubiera perdido un encuentro naval con la marina boliviana. Pues eso es exactamente lo que hicieron los italianos. Mamertos.

Obviamente, Italia no se iba a aventurar a invadir a Austria por su cuenta. Esperó a que se viera en guerra con la poderosa Prusia para atacar por la "puerta trasera". Y ni eso pudo, ni por tierra ni por mar. En los alrededores de la isla de Lissa, en el Adriático, se encontraron 12 acorazados y 17 buques de madera italianos contra meramente 7 acorazados y 11 buques de madera por parte de los austriacos. Era una ventaja de casi 2 a 1.

Los italianos se desorganizaron por completo, y sin que los austriacos los atacaran aun. Estos procedieron a romper la línea de aquellos y crear el caos en la flota italiana. Una vez que las flotas quedaron entremezcladas, empezaron los espolonazos, en que incluso los buques de madera austriacos se atrevieron a embestir a acorazados italianos. Cuando terminó el caos, dos acorazados italianos habían quedado en el fondo del mar, y los austriacos quedaron intactos. Los italianos se vieron obligados a retirarse.

Realmente, qué decadencia. Uno se habría imaginado que después de tamaña humillación los italianos habrían optado por el camino del pacifismo y de dedicarse a sobresalir en la cultura y las artes. Pero no. A lo largo de las siguientes décadas insistieron e insistieron. Y eso que aun no llegamos a la segunda guerra mundial.

Dicen que la locura es la condición de repetir la misma acción indefinidamente, esperando que el resultado sea diferente. ¿Será esto aplicable a los italianos?


sábado, 9 de mayo de 2009

¿En qué estaban pensando? Los italianos y la batalla de Adowa


Los italianos son grandes pintores, cantantes de ópera y mafiosos. Pero definitivamente no son soldados. Aunque cabría admitir que son muy buenos para no ser soldados: realmente habría que esforzarse por tener un record tan malo como los italianos. En este caso la Benemérita, Real y Pontificia Asociación Mayor de Historiadores de la Región Lima Metropolitana estará viendo el caso de la batalla de Adowa en 1896.

Para esta época las potencias europeas se estaban repartiendo el continente africano, y Abisinia (Etiopía) era uno de solo dos países africanos independientes restantes. Los italianos, con un imperio colonial francamente misio, decidieron hacerse con dicho país, y procedieron a invadir. La lógica indicaba que tendrían que ganar los europeos.

Y siendo un ejército europeo en África en el siglo XIX, las cosas son relativamente claras: los africanos tendrán la ventaja de número, pero los europeos la ventaja tecnológica. Lo que tenía que hacer un ejército europeo era muy sencillo: ubicarse en forma de cuadrado y dejar que vengan los africanos (armados con lanzas) e irlos masacrando con sus rifles y cañones. Sencillísimo.

¿Pero qué se les ocurrió hacer a los italianos en Adowa? Se la dieron de bacanes y decidieron separar sus fuerzas y hacer un ataque triple, con una reserva detrás. Imbéciles. Los abisinios, a pesar de ser tecnológicamente inferiores pudieron abrumar a estos pequeños núcleos italianos y masacrarlos uno por uno. Italia tuvo que reconocer la independencia de Abisinia y retirarse.

El aforismo de Bismarck resulta muy apropiado: "Los italianos tienen buen apetito, pero muy malos dientes". Definitivamente